"(...) Una gran parte de conciudadanos indefectiblemente nos haremos algunas preguntas, tales como: ¿interfiere este cambio en el reloj biológico humano?, o ¿la hora que nos marcan es la más conveniente? En respuesta a la primera, creo que más bien poco. O al menos, eso es lo que sostienen algunos científicos. Por experiencias anteriores, se puede añadir que será una transición suave a la que no tiene que costar mucho adaptarse para ajustar el reloj temporal al vital. No obstante, algunas personas podrán sentir algún que otro contratiempo, concretamente los niños y algunos mayores, pero en contados días -aseguran algunos expertos- el cuerpo se aclimata al nuevo horario.
«Un vuelo transoceánico puede causar más modificaciones en los biorritmos que un cambio horario», apunta un catedrático de Fisiología de la Universidad de La Coruña, quien, además, matiza que no existen estudios fiables sobre las alteraciones que para el reloj biológico puede causar el adelanto o atraso de una sola hora.
El aumento de horas sin luz por el cambio de horario ahora en otoño suele ser algo perjudicial en personas propensas a jaquecas y migrañas, o con tendencia a la depresión, pues la falta de luz diurna puede influir más en el desánimo y la inhibición. Un estudio realizado hace años por la Comisión Europea para analizar los pros y los contras del cambio de hora reveló importantes efectos positivos, tanto por el ahorro de energía -este motivo fue clave para aceptar la medida- como para las industrias del ocio, el turismo y la salud pública.
Los cortos atardeceres, además, merman las actividades al aire libre y el deporte. Y por si esto fuera poco, el menor tiempo dedicado a los paseos en el exterior tiene consecuencias en el consumo de televisión, pues el horario de máxima audiencia, usualmente entre las ocho y las diez de la noche, también se adelanta.
Hubo un tiempo en que en nuestra área europea se fijaron como referencia dos horas distintas: la de Londres y la de Berlín. A España, al igual que a Francia y a los países del Benelux (Bélgica, Holanda y Luxemburgo), le correspondía la hora de Londres. Sin embargo, estos citados países eligieron la hora de Berlín. España hizo lo mismo y por ello tenemos idéntica hora que naciones de Centroeuropa que se encuentran distanciadas de nosotros hasta 25° al Este. Por ubicación geográfica deberíamos tener la hora de Londres, que es igual que decir la de Portugal, Islandia e Irlanda, Canarias y, por supuesto Gran Bretaña.
Asimismo, por costumbre o por querer presumir de comer tarde, dedicamos al almuerzo un mínimo de dos horas, cuando en la gran mayoría de países se emplea una o menos de una; por ejemplo, en el Benelux siguen finalizando su jornada laboral alrededor de las cinco de la tarde y su productividad es superior a la nuestra.
La hora oficial española sigue estando desfasada en relación con el horario solar: en el invierno, una hora, y en el verano, dos. Nos levantamos con la hora oficial y seguimos con la hora solar, lo que hace que nuestra jornada de trabajo, por la mañana, sea más larga. Por la tarde volvemos al trabajo entre las cuatro y las cinco, lo que dificulta que terminemos, como en una gran mayoría de países europeos, entre las cinco y las seis.
Por ello, estos horarios prolongan bastante nuestros cometidos profesionales, imposibilitando que podamos armonizar la vida laboral, familiar y personal; además, reducen nuestra libertad y nos privan de unas horas para poder disfrutar de un merecido mayor tiempo de ocio.
En definitiva, puede decirse que suponen un firme inconveniente para enriquecer nuestra calidad de vida".









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