"Luminiscencia- emisión de luz no causada por combustión y que, por tanto, tiene lugar a temperaturas menores. Es distinta de la incandescencia, que es la producción de luz por materiales calentados.
Si bien la contaminación atmosférica por el CO2 emitido por las centrales térmicas de producción de electricidad, las industrias y los automóviles, es la principal responsable del efecto invernadero que amenaza el equilibrio climático de la Tierra, el uso excesivo e irresponsable de la energía eléctrica en el alumbrado de exteriores es la causa de una nueva agresión medioambiental que amenaza ni más ni menos que con eliminar la noche, alterando así el segundo ciclo cósmico fundamental.
Este tipo de contaminación es el brillo o resplandor de luz en el cielo nocturno producido, principalmente por el alumbrado público y el uso de luminarias inadecuadas y/o excesos de iluminación.
La dispersión hacia el cielo se origina por el hecho de que la luz interactúa con las partículas del aire, desviándose en todas direcciones. El proceso se hace más intenso si existen partículas contaminantes en la atmósfera (humos, partículas sólidas) o, simplemente, humedad ambiental. La expresión más evidente de esto es el característico halo luminoso que recubre las ciudades, visible a centenares de kilómetros según los casos, y las nubes refulgentes como fluorescentes.
Las neblinas y el cielo turbio potencian el efecto hasta el extremo de crear una capa de color gris o naranja que toma la forma de una nube luminosa sobre las ciudades
Esta contaminación supone un gasto energético innecesario, por lo que aparece un incremento en las facturas de los Ayuntamientos (unos 2500 millones de Pta / año).
En cuanto a efectos medioambientales destaca la agresión al frágil ecosistema nocturno y la agresión a las aves. También existe una Contaminación ambiental por residuos sólidos: según un estudio de la UPC en España se tiran a los vertederos de forma no controlada unos 800 Kgs. de mercurio al año procedentes de las lámparas.
Interfieren, cuando no impiden, las investigaciones en astrofísica y las actividades de los astrónomos amateurs.
Provoca la alteración del ciclo reproductivo de determinadas especies (insectos, especialmente).
. Y por último el hecho de la pérdida de la visión del cielo estrellado. Ya que el hecho de que cada vez se vean menos estrellas no quiere decir que estas estén desapareciendo, ni muchísimo menos, es el cielo que cada vez es más brillante debido a la dispersión de luces de las ciudades en la atmósfera.

¿CÓMO PODRÍA SOLUCIONARSE EL PROBLEMA?
Una buena iluminación permite:

  • Ahorro de energía.

  • Mejor aprovechamiento de los recursos naturales.
  • Aumento de la seguridad, un exceso de luz o una luz mal dirigida deslumbra o puede provocar accidentes. También puede ser un factor de inseguridad ciudadana.
  • Una mejor adaptación de la luz a la iluminación ambiente; una mejor visión.
  • Enviar la luz allí donde es necesario y evitar sombras indeseadas.

En primer lugar, es conveniente adecuar los niveles de iluminación a las recomendaciones dadas por el Comité Español de Iluminación.
Utilizar lámparas de sodio de baja presión dado que consumen:
5 veces menos que las lámparas incandescentes,
.2 veces menos que las lámparas de mercurio,
.5 vez menos que las sodio de alta presión y fluorescentes.
Utilizar lámparas de bajo consumo y de luz roja en escaparates y rótulos publicitarios.
Usar proyectores de pantallas asimétricas para iluminar amplias superficies, siempre que sea posible. Son un 25% más eficientes en términos de iluminación.
Otras sugerencias serían eliminar los obstáculos a las luminarias, lo que no es otra cosa que reducir una parte de los árboles que acompañan las calles, y así la luz, en lugar de encontrarse con las ramas y el follaje, podría llegar directamente al suelo, por lo que se podría prescindir de iluminación.
También es importante mencionar la necesaria modificación y retirada paulatina de todas las luminarias esféricas, tipo globo. Este tipo de luminarias son las de menor rendimiento energético ya que más del 50% de la luz se pierde hacia el cielo, y al final apenas ilumina el suelo, que sería lo suyo. Por esto seria conveniente mejorar el diseño de las farolas de tipo antiguo que no lancen la luz hacia el cielo. Al igual que la iluminación que reciben muchos monumentos, edificios artísticos, anuncios, escaparates, etc, que su luz debería ir de arriba hacia abajo. Además este tipo de iluminación convendría apagarla, en invierno, a las 23:00h y en verano 24:00h.
Entre los procedentes de la iniciativa valenciana para impedir la contaminación lumínica se encuentra la ley de Protección de la Calidad del Cielo, aprobada en Canarias, que en los últimos años ha permitido controlar de forma racional la expansión del alumbrado, mediante la instalación de luminarias adecuadas para los usos urbanos y compatibles con la observación del cielo
El astrofísico y director del Observatorio Astronómico, Vicent Martínez, también recomienda a la Generalitat que declare el cielo bien de interés cultural, y expone en su informe de apoyo a la iniciativa que el problema de la contaminación lumínica ya no afecta únicamente a las ciudades, sino que la dispersión de la luz causada por la atmósfera facilita su expansión a grandes distancias. «Más de la mitad de los europeos -afirma Martínez- no pueden ver la Vía Láctea desde sus lugares de residencia, y la belleza del cielo nocturno, con sus implicaciones, ha dejado de ser patrimonio colectivo».
CONSECUENCIAS IMPORTANTES
La intrusión lumínica se produce cuando la luz artificial procedente de la calle entra por las ventanas invadiendo el interior de las viviendas. Su eliminación total es imposible porque siempre entrará un cierto porcentaje de luz reflejada en el suelo o en las paredes, pero de aceptar esto a tener que tolerar como inevitables ciertos casos aberrantes de descontrol luminotécnico, como poner globos sin apantallar frente a las ventanas, o iluminar fachadas con potentes focos, hay un abismo.
El deslumbramiento se origina cuando la luz de una fuente artificial incide directamente sobre el ojo, y es tanto más intenso cuanto más adaptada a la oscuridad esté la visión. Al ser éste un efecto indeseado, toda la luz que lo origina no se aprovecha, cosa que no sólo es un despilfarro, sino que constituye un elemento evidente de inseguridad vial y personal.
Un alumbrado ideal sería aquél que disminuiría paulatinamente el nivel de luz en dirección saliente, dando al ojo un mínimo tiempo para empezar a adaptarse a la oscuridad. En sentido contrario, el sistema sería igualmente adecuado.
El alumbrado de carreteras representa un punto crítico en esta cuestión. Se tiende a iluminar con exceso de potencia el mayor número posible de tramos de carretera, en la creencia de que ello supone un aumento de la seguridad vial. Habría que ver los estudios estadísticos sobre siniestralidad nocturna en carreteras iluminadas y no iluminadas para poder evaluar con equidad la conveniencia de hacerlo o no. Porque hay algo que sí es evidente: los conductores corren más en los tramos iluminados y esto supone un incremento del factor de riesgo velocidad.
El sobreconsumo, es la consecuencia indeseada e inevitable de los factores anteriormente descritos. Si éstos se evitaran, ahorraríamos porcentajes mínimos de un 25% en la factura de la luz, pudiéndose alcanzar porcentajes mayores del 40% en ciertos casos, si existiera la voluntad de utilizar lámparas de sodio de baja presión y se hiciera una fuerte apuesta por rebajar potencias en las luminarias.
Provoca también un abuso de los recursos naturales, un sobreconsumo de combustibles fósiles, energía y recursos. Mucho más de lo que realmente necesitamos.
El alumbrado público no es el único responsable de la contaminación lumínica. Cualquier iluminación proyectada al exterior, como la luz que sale por las ventanas, los rótulos, los escaparates, etc., es también un contaminante lumínico.
La proyección de luz en el medio natural origina fenómenos de deslumbramiento y desorientación en las aves, y una alteración de los ciclos de ascenso y descenso del plancton marino, lo que afecta a la alimentación de especies marinas que habitan en las cercanías de la costa. Crea desequilibrios y tensiones que facilitan la aparición de plagas, el empobrecimiento genético de poblaciones y extinciones.
Surge el peligro a perder la noche estrellada, al incrementarse más y más el brillo del cielo, acaban por desaparecer también, de forma progresiva, las estrellas, con lo que, al final, solamente las más brillantes, algunos planetas y la Luna resultan visibles en medio de un cielo urbano que es como una neblina gris-anaranjada. Si consideramos que en condiciones óptimas, nuestro ojo alcanza a distinguir estrellas hasta la sexta magnitud, lo cual supone poder alcanzar a ver unas 3.000 en verano, podremos juzgar con equidad la magnitud de lo que nos perdemos". (ELRINCONDELVAGO.COM)