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Como introducción a un nuevo año Puccini, el del ciento cincuenta aniversario de su nacimiento el año que viene, en el Auditori de Torrent han tenido una idea estupenda: reunir a tres sopranos ídem y montar junto a la Orquestra Ciutat de Torrent un programa de arias operísticas. No perturbó sino todo lo contrario el éxito un dispositivo visual a base de fotografías de mujeres, primero anónimas y luego de grandes actrices del cine (desde Audrey Hepburn a Marilyn Monroe) más de las tres sopranos. Las proyecciones sobre la pantalla situada al fondo del estrado incluían los textos cantados y elocuentes leyendas sobre el tono o el sentido de lo que se oía y leía.
Precedidas por un Preludio sinfónico fechado en 1876, las catorce arias se ofrecieron en orden cronológico. Seis las protagonizó Ana María Sánchez, cuyo Vissi d'arte fue la primera pieza que despertó en el público un entusiasmo correspondido con una segunda salida para saludar. En realidad, todo el concierto se movió en una trayectoria ascendente de calidad. La misma Sánchez aún estuvo mejor en Un bel dì, y si Tu che di gel no acabó de convencer a todos fue porque una Liù de voz tan grande no es frecuente. En cualquier caso, la confirmación de hallarnos ante una de las grandes voces del momento actual fue constante.
Gran Elisabete Matos
Sólo por conocerla menos que a sus compañeras, las sorpresas mayores para mí las aportó la portuguesa Elisabete Matos. El final de Butterfly, con la cantante remedando el suicidio de Cio-Cio San de espaldas al público y bajo un foco de luz roja, fue uno de los clímax de la noche. No se puede sin embargo olvidar las magníficas versiones de los difíciles y no tan agradecidos números extraídos de La fanciulla e Il tabarro; menos aún la formidable exhibición de poderío a que dio lugar In questa reggia.
Elena de la Merced, a la que correspondieron las piccole donne, también comenzó a gran nivel como Musetta para luego superarse a sí misma primero como Doretta y luego con el Babbino.
Situada sobre el estrado sin caja acústica, la orquesta tuvo que apechugar con el consabido obstáculo de la falta de proyección de los vientos, pero la matizada y ya se nota que muy experta dirección de José Fabra contribuyó sobremanera a conseguir acompañamientos muy notables en su mayoría y por momentos sobresalientes. Una versión sensiblemente arreglada para tres sopranos y cuerdas por Claudia Montero de la juvenil Historiella originalmente compuesta para voz y piano fue la única propina, pero podrían haberse dado muchas más y nadie se habría movido de su asiento. (LEVANTE-EMV.COM)












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