En Colombia sí hay pena de muerte, sólo que aplicada de forma ilegal por guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes.
Apropósito de la marcha promovida para hoy en Cali, y en otras 700 ciudades del mundo, contra la pena de muerte, es triste, pero realista, admitir que en Colombia son muchas las personas condenadas al mortal castigo.
Es cierto que la legislación colombiana no contempla la pena máxima, pero ilegalmente en este país son más las personas condenadas a morir que en aquellos estados en los que las ejecuciones hacen parte de los castigos legales.
Mientras que el año pasado en Estados Unidos fueron ejecutadas 53 personas en cumplimiento de una sentencia a la pena máxima, sólo en lo corrido de este año en Cali han sido asesinadas 734 personas. Además de la diferencia en cifras, en la cual una ciudad de dos millones de habitantes supera a una Nación de 260 millones de personas, hay grandes diferencias en la forma en las que se llega a estas ejecuciones; sin que suene a defensa de la pena de muerte, pues la vida es sagrada, hay una característica que contrapone un caso a otro: mientras que en la mayoría de los países en los que las ejecuciones son practicadas dentro de un marco legal el condenado ha tenido derecho a la defensa y se supone que ha sido sometido a un proceso judicial, en casos como los de Cali, las muertes se definen por razones tanto o más primarias que las lapidaciones del Medio Oriente.
Aquí, personas que se creen con derecho sobre la vida de otros, matan por una deuda, por infidelidad, por diferencias ideológicas, por intolerancia, porque la víctima se resiste a ser robada o simplemente por sospecha. En Colombia la pena de muerte existe, con el agravante de que está en manos de los criminales.
Por eso actividades altruistas como la marcha de hoy no deben reclamarle sólo a los estados que practican la pena de muerte, sino que, en el caso colombiano, la protesta debe dirigirse con mayor fuerza a la guerrilla, los paramilitares, el narcotráfico, la delincuencia común y todos aquellos que sin respetar leyes terrenales ni divinas se creen con derecho a segar vidas. (DIARIOOCCIDENTE.COM.CO)










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