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La implacable piqueta demoledora, cada día derriba viejos edificios para transformarlos en nuevas y modernas construcciones, y con más alturas, y poco a poco, la ciudad va creciendo en dimensiones insospechadas, pues, a la par que se ensansacha, dentro del casco urbano viejo, todo es rentable para la transformación en nuevos edificios.
Este es el motivo que nos trae hoy a comentar brevemente la reciente desaparición del antiguo local, un edificio con solera torrentina que tuvo el Círculo Católico, con casi un siglo de existencia. Hoy, la sociedad, que desde hace ya algunos años mejoró de casa, con mejor edificio y ubicado en mejor emplazamiento, ahora levanta, en el viejo solar, un edificio para viviendas, pero aquella casa derribada, aquellos muros demolidos, aún tienen, para muchos, recuerdos de niñez o de juventud que ahora añoramos, pues el viejo Círculo Católico fue siempre acogedor para la juventud que discurría por los años veinte entre juegos y tertulias.
Aquel salón espacioso, con antiguas mesas de marmol y sillas curvadas de madera, donde se servía una gran copa de café con gotas; y aquel saloncito que servía indistintamente para los ensayos de la banda de música y se habilitaba también para los numerosos aficionados al juego del “quintero”, donde se cantaban los números con sus motes, y al número 1 se le decía “a Cuba”, y al 15 “ la niñá bonita”, y al 22 “els dos patos” y aquel teatro tan familiar que, con sus quinientos asientos, incluidos los palcos, estaba completamente abonado por familias que continuaban de año en año como si se tratase de una tradición. Teatrito aquel, pequeño, pero atractivo, en donde se daban, por estas fechas, muy buenas temporadas de Belén, y en donde actuaban compañías de zarzuela y comedia, indistintamente, y en donde nunca faltó la titular del propio Círculo, que fue siempre la más apreciada por el público.
Allí, en aquel pequeño teatro, tuvieron lugar los mejores estrenos de la época. El teatro de Arniches, de Muñoz Seca, de Linares Ribas, de Benavente y otros, con inclusión también del teatro de lengua vernácula, fueron representados con gran brillantez. Por el año 1921, en aquel teatro se representó por primera vez la recien estrenada zarzuela “La canción del olvido”, y Ernesto Rubio hizo una formidable creación del capitan Leonelo, que le sirvió para que, poco después, debutase en el teatro Ruzafa de Valencia, debut éste que constituyó un formidable éxito, hasta el extremo de que sirvió para que se incorporase al teatro y fuera considerado como uno de los mejores cantantes españoles de la época.
Esto y otras cosas, como los mejores años del resurgir musical de Torrent, la competencia entre dos bandas de música, que se codeaban entonces entre las mejores de la provincia, hace que aquella vieja casa, ubicada en el rincón de la plaza de Colón, y en cuyo solar hoy levanta la misma Sociedad un grupo de viviendas, nos traigan recuerdos que vienen a la memória con nostalgias de juventud, y, por ello, nos hace pensar en que si aquellos tiempos serían en realidad mejores o es quizás que el secreto está en ese contrapunto tan importante de que nosotros éramos entonces jóvenes.
(Torrent. Boletín de Información, noviembre-diciembre 1968)
TORRENT IMATGE GRÀFICA: LA GENT I LA CIUTAT (1860-1960)












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