BARRA Arrepentido tras robar el Niño Jesús.

Lo ocurrido ayer ante la Torre de Torrent bien podría compararse con la historia del buen ladrón, arrepentido de sus actos. La figura del Niño Jesús que forma parte del belén instalado por la asociación de vecinos del Centro Histórico sufrió su segundo robo en menos de tres días. La primera fue repuesta a las pocas horas tras comprarla en una tienda, pero la segunda guarda una historia un tanto especial de cuyo final fue testigo LAS PROVINCIAS.

Eran alrededor de las cuatro de la tarde cuando quien se identificó como Jesús Martínez, de 31 años, que ha pasado once de ellos en la cárcel por robos con violencia e intimidación y narcotráfico, con varios juicios pendientes por hurto, tomaba la decisión de robar la figura del Niño Jesús. Pero su arrepentimiento no tardó en llegar ya que, a las cuatro y veinte exactamente, decidía devolverla a su lugar original tras tenerla escondida junto a un contenedor de basura a escasos metros de la Torre. Instantes antes de hacerlo le daba un cariñoso beso y acto seguido saltaba la valla para alejarse.

"Me he arrepentido porque me ha tocado el corazón, soy un poco creyente, no sé por qué lo he hecho, pero me ha llegado al alma. Lo he devuelto al lugar que le corresponde y me he quedado muy a gusto", señalaba tras ser sorprendido en su acción.

"Es donde tiene que estar"

"Mi mente que me ha dicho que no vale la pena tocar esas cosas, pero iba a gusto, borrachín. Que se quede ahí porque es donde tiene que estar", señalaba. Pese a reconocer que es toxicómano en tratamiento de metadona se le veía muy lúcido al hablar.

Asegura no tener nada que ver con el robo que sufrió la figura en Nochebuena, la cual pasó solo cenando una tortilla de patatas con ajoaceite. "Me gustaría que apareciera. Yo he devuelto ésta porque soy una persona, a pesar de ser ex presidiario y toxicómano.

"Vivo en una casa abandonada, pero soy muy aseado. Sé que esa casa tarde o temprano va a ir abajo y no me ayuda nadie. Pido ayuda, que me den un puesto de trabajo o una vivienda. Estoy luchando por dejar la droga", declara.

Jesús Martínez muestra su pecho, espalda y brazos. Tiene nueve puñaladas que recibió en la cárcel y dos impactos de bala por disparos de aquellos a los que un día intentó robar.

Pese a su terrible historial delictivo asegura poseer dotes para diseñar manga, tatuajes y grafitos, además de experiencia actuando como cómico en despedidas de soltero, o de realizar trabajos de jardinería o vigilancia de edificios.

Este joven, aparentemente arrepentido de su pasado, se muestra rotundo: "No quiero volver a coger pistolas. Estoy muy mal, no me llevo bien con mi familia y eso me duele, necesito una oportunidad".

Su obsesión es encontrar trabajo antes de que se vea sometido a los juicios que tiene pendientes con la esperanza de que el tribunal le conceda algún tipo de beneficio penitenciario que le permita no volver a prisión.