Han pasado por aquí fotografos,cámaras,periodistas… queriendo saber que ocurrió realmente la mañana del miercoles, pero solo los que estuvimos allí sabemos lo que de verdad “se coció”, y nunca mejor dicho, en aquel horno.
En el momento de la explosión, no eramos, almenos yo, capaces de digerir que estaba pasando. Sabíamos que todos estabamos bien, nadie había resultado ni mínimamente herido. Solo por eso ya podíamos dar gracias a Dios. Creo que ni siquiera sabría deciros a que hora ocurrió, y aún me asombro de ver como milagrosa y afortunadamente acabamos saliendo tan bien parados todos de aquel accidente, que de haber sido de otra forma, ni la persona que os habla ni el resto de los que estabamos allí podría haberos contado.
La posibilidad de que hubiese habido una explosión era una entre… ¿un millón? Y ocurrió. Pero es más complicado aún obtener la posibilidad de que con tal magnitud nadie resultase ni levemente herido. De no haber sido por la puerta que saltó por lo aires ( y no sabeis como impresiona ver salir disparada una puerta que pesa alrededor de unos 200 kilos como si de un papel que se lleva el aire se tratase) nada ni nadie habría salido de allí. Y eso da mucho que pensar.
Los cristales, que fuera se rompieron, mágicamente lo hicieron en el momento justo en que nadie pasaba por allí, de no ser así podría haberlo matado. Y de nuevo debemos de dar gracias a Dios…porque no pasó.
Lógicamente la histeria se hizo colectiva, no sabiamos por qué pero el horno había explotado y podiamos contarlo, pero el miedo no se nos iba del cuerpo.
Lo de menos son los dias que mantendremos cerrado el negocio, eso es fácil, se limpia, se repara todo y en una semana se vuelve a trabajar, las consecuencias económicas, aunque molestan, no son las que de verdad duelen. Lo doloroso es darse cuenta de lo frágiles que podemos llegar a ser, es pensar que en cinco minutos tu vida puede pasar de ser mucho a no ser nada, y que no podemos hacer ninguna cosa por evitarlo, solo vivir… que no es poco.
Pepe es de las personas que más admiro y respeto en esta vida, no se merece ese susto ni la desgracia que podría haberle ocasionado ese accidente, pero amigo sabes que puedes contar conmigo y que no hace falta que diga que todo mi apoyo lo tienes.
Un milagro











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