
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, ofrecieron anoche un debate tenso y crispado. Hubo pocas sonrisas y un frecuente cruce de acusaciones entre los dos candidatos a la presidencia del Gobierno. Ambos se acusaron en varias ocasiones de mentir y, pese a que los dos respetaron básicamente los tiempos que tenían asignados, se interrumpieron a veces, incluso reiteradamente, especialmente cuando Rajoy acusó a Zapatero de agredir a las víctimas del terrorismo y este lo negó de forma sistemática, pese a no estar en el uso de la palabra.
Algunas cadenas de televisión ofrecieron encuestas sobre el resultado del debate. En todas ellas Zapatero resultaba ganador. Así, Cuatro ofreció un sondeo del Instituto Opina, según el cual Zapatero habría ganado con un 45,4% frente a un 33,4% de Rajoy. La Sexta ofreció un 45% a favor de Zapatero y un 30% para Rajoy. En cuanto a Antena 3, informaba de un 45,4% a favor de Zapatero y 39,3% para Rajoy. También los diarios digitales daban ganador al presidente del Gobierno.
Los dos candidatos dieron la impresión de plantearse el debate con la firme voluntad de no ceder un milímetro del terreno al adversario. Ambos iban pertrechados de abundante documentación y gráficos muy visuales en color que ofrecieron a los objetivos de las cámaras. Rajoy superó probablemente las expectativas generales al mostrarse ágil y correoso, y forzó a Zapatero a mantener casi permanentemente un semblante serio, probablemente contra lo que era su intención.
El resultado, pese a lo encorsetado del plan de actuación, con tiempos muy rígidos, fue un debate que no perdió interés en ningún momento y en el que las intervenciones de uno y otro generaban respuestas nada reposadas del contrincante.
Ambos políticos vestían de forma muy parecida: Zapatero, de gris marengo con camisa azul claro y corbata azul oscuro con puntos rojos y blancos. Rajoy, traje azul marino, camisa celeste y corbata roja; la misma, como había anunciado, que utilizó en el programa Tengo una pregunta para usted de TVE.
Entre los momentos de tensión destacaron las alusiones del presidente del Gobierno a la política del Partido Popular en materia de agua, y Rodríguez Zapatero llegó a preguntar hasta tres veces a Mariano Rajoy si hará el trasvase del Ebro. Este se limitó a decir que hará las obras del Pacto del Agua en Aragón «y luego los trasvases a otras cuencs». Zapatero insiste interrumpiendo: «Hará el trasvase del Ebro». Y Rajoy responde: «Haré el trasvase del agua».
Zapatero insisitió repetidamente en poner en valor las políticas sociales, y enumeró leyes como la de la igualdad, la de la dependencia y las subidas de las pensiones y del salario mínimo en su resumen final.
Quienes pensaban que Rajoy iba a marcar diferencias con lo que ha sido su línea de oposición se equivocaron de medio a medio. Las alusiones al terrorismo fueron muy frecuentes. Rajoy insisitó en las acusaciones de haber negociado con ETA y haber mentido a los españoles. Ello llevó a Zapatero a recordar con frecuencia actuaciones de los Gobiernos de José María Aznar y a citar dos veces la frase de este cuando denominó a ETA «movimiento vasco de liberación nacional».
Mariano Rajoy había iniciado su primera intervención criticando la situación económica, las elevadas subidas de artículos de primera necesidad y el incremente del paro. Zapatero le respondió con una avalancha de datos y siempre comparando con la actuación de los Gobiernos del PP. Rajoy aludió por primera vez a la inmigración para afear a Zapatero la regularización de inmigrantes, criticada en varios países europeos y este le respondió con datos de la época del líder popular como ministro del Interior. El presidente del Gobierno no escatimó alusiones a atentado del 11-M y las «mentiras» del PP sobre su autoría, a la invasión de Perejil y a la Foto de las Azores frente a la política de paz en el mundo de su Gobierno.
Rajoy se despidió leyendo, con el ejemplo de una niña que debe sentir el orgullo de ser española y Zapatero cerró ofreciendo igualdad de oportunidades e hizo un guiño cinematográfico al acabar deseando a los espectadores: «Buenas noches y buena suerte».












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