
Más expectación, imposible. Los dos candidatos, Zapatero y Rajoy, regresaron anoche a la misma mesa de debate para saldar las cuentas pendientes del primer asalto, que había dado la victoria a Zapatero. El aspirante, pues, necesitaba una victoria rotunda en la segunda ocasión. No se produjo, ni por KO ni a los puntos.
Minutos después de acabar el debate los primeros sondeos dieron su sentencia: en La Sexta, un 49,2% dio vencedor a Zapatero frente a un 29,2% que se decantó por Rajoy; en Cuatro, un 50,8% a favor del primero y un 29% por el segundo. Mientras, el de Metroscopia para el diario El País otorgaba el 53% a Zapatero y el 38% a Rajoy, y Sigma Dos para El Mundo concedía un 40% para Zapatero frente al 40,2% para Rajoy. Zapatero Hace una semana los sondeos dieron también la victoria a Zapatero, pero por un margen mucho más estrecho.
La agresividad de Rajoy
El aspirante estuvo durante todo el debate bajo la presión de tener que vencer a su oponente y, además, de que esa sensación fuese la que se trasladara a la audiencia, en principio superior a los 13 millones del pasado lunes. Por ello mantuvo un tono de cierta agresividad, aunque procuró modularlo en las casi dos horas de cruce de palabras, que, sin embargo, fue aumentando a la hora de plantear sus dos temas recurrentes: terrorismo e inmigración.
Rodríguez Zapatero, por el contrario, se cuidó mucho de no caer en provocaciones, pero en un momento dado no pudo resistirse: fue cuando, hablando de terrorismo, puso sobre la mesa las cifras de víctimas en la última legislatura de Aznar -más de 200 muertos, entre ETA y el 11-M- y los cuatro asesinatos registrados durante su mandato.
El aspirante del PP quiso abarcar múltiples cuestiones con el propósito de encontrar un hueco por el que minar a su adversario. Tantos bandazos dio, algunos con recurso a papeles y gráficos -en esta ocasión con generosa policromía y caracteres --, que planteó su discurso de forma un tanto deslavazada. Y eso hizo que sus mensajes, al margen de frases hechas, quedase un tanto disperso.
Por el contrario, Zapatero, que ofreció la versión más conservadora y relajada de sí mismo, también buscó golpes de efecto, como el libro blanco que puso encima de la mesa y ofreció a la moderadora, Olga Viza, prácticamente muda durante la sesión, como garantía de que los datos que iba a utilizar respondían a estadísticas oficiales. Según sus palabras, hoy se podrá consultar en Internet.
Rifirrafe en economía
En la primera parte, tal vez la más seria del debate, aquella referida a la economía, hubo un rifi-rafe en torno al contenido de la primera pregunta formulada por Rajoy en el parlamento a Zapatero. «Ya le pregunté sobre economía», dijo Rajoy. «No es cierto», respondió Zapatero. Inmediatamente se difundió el texto de aquel debate de la primera sesión de control que nadie recordaba. Ciertamente, Rajoy, que citó de pasada el acrónimo IVA, no preguntó ni habló de economía.
Eso le dio pie a Zapatero a asegurar de forma contundente: «A usted la economía le ha importado un bledo en esta legislatura». Y Rajoy se escapó con una recurrente alusión a las OPA sobre Endesa. El candidato del PP también se confundió a la hora de hablar, contestar sobre la guerra de Iraq, sorprendentemente, como le echó en cara un Zapatero atónito. «Una exclusiva mundial», le dijo cuando Rajoy aseguró que había apoyado la contienda en una resolución de la ONU.
El referéndum secesionista
Rajoy apretó en el apartado sobre el terrorismo -«usted tiene convocado un referéndum secesionista», llegó a afirmar- y recurrió a ejemplos de la Comunidad de Madrid y de la Comunitat Valenciana en el bloque sobre políticas sociales, cosa que el mpropio presidente de la Generalitat, Francisco Camps, le agradeció por teléfono al finalizar el debate.
Tras pasar por varios asuntos en el último bloque, el de propuestas de futuro, sin grandes anuncios -Rajoy, un tanto tenso, llegó a responder que «haré el trasvase, sí, sí, si eso es lo que quiere saber"» a la hora de hablar del agua, pero no citó de qué río -, los parlamentos finales reflejaron lo que había sido el debate. Zapatero, con gran dominio de la imagen, ofreció más ilusión que en el primer debate.
Rajoy, sin la misma firmeza en la mirada, trasladó un mensaje más duro, ETA, por dos veces, inmigración y situación económica pesimista. Y, como si fuese un niño repelente, hizo caso omiso a las críticas a su famosa niña del pasado lunes: la volvió a citar con el mismo tono cursi que incluso sus compañeros de partido lo criticaron.












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