Primera de las Órdenes Militares de Tierra Santa, creada por Godofredo de Bouillón recién conquistada Jerusalén (15 de julio de 1099), con la misión específica de la custodia del Santo Sepulcro y de atender al servicio religioso de la iglesia del mismo. Esta dicotomía de funciones daría lugar a dos ramas bien definidas centro de la Orden: la de los Canónigos agrupados en un Cabildo de Canónigos Seculares (germen de lo que después sería la Orden de Canónigos Regulares del Santo Sepulcro) y la de los caballeros, dedicados preferentemente a tareas militares, que justificarían el calificativo de Orden Militar, hoy convertidos en orden de caballería aristocrática con el nombre de Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén.

Muerto Alfonso I el Batallador (1134), deja, en un insólito testamento, su reino a las tres Órdenes Militares de Palestina:

Santo Sepulcro, San Juan de Jerusalén y Temple.

La primera que se cita en el testamento es la Orden del Santo Sepulcro, reconociendo implícitamente la mayor antigüedad de esta Orden.

Para tomar posesión de la herencia el Patriarca de Jerusalén envía, en 1141, a su canónigo del cabildo de Jerusalén, Giraldo, y no a un caballero de la Orden Militar, lo cual explicaría que la orden nunca tuvo en España carácter ecuestre y sólo el canonical representando por clérigos que se regían por la regla de San Agustín.

Al renunciar a sus derechos a la herencia del Batallador, los canónigos del Santo Sepulcro fueron compensados con bienes en varias localidades aragonesas, particularmente en Calatayud, donde establecieron su casa central. Sus iglesias en centros conventuales se extendieron asimismo por el reino de Castilla, registrándose el mayor auge de sus dominios en España durante el siglo XIII. La institución contó también con casa de religiosas, entre ellas la todavía existente en Zaragoza con el nombre de Real Monasterio de Canonesas Comendadoras del Santo Sepulcro, que fundó a fines del siglo XIII doña Marquesa Gil de Rada, hija de Teobaldo II de Navarra y viuda de un hijo natural de Jaime I de Aragón.

La cruz patriarcal es la primera insignia de esta Orden que podemos considerar como la cruz del Santo Sepulcro por excelencia, concedida por Godofredo de Bouillón, Barón y Defensor del Santo Sepulcro cuando fue creada en 1099. Inexplicablemente poco tiempo después Godofredo retira esta cruz a los sepulcristas, asignándoles una nueva, la cruz quíntuple conocida también como cruz de Godofredo de Buillón y más comúnmente como cruz de Jerusalén o de Tierra Santa. Esto ocurre en el momento de la fusión, año 1099, de las órdenes del Santo Sepulcro y de la Resurrección del Señor.

Godofredo asignó la cruz patriarcal a los primeros caballeros que él arma, sobre el Santo Sepulcro, erigidos canónica y jurídicamente en Cabildo de Canónigos Seculares, por tanto vivían en el siglo, lo que no les impedía guerrear (recuérdese la presencia, en la toma de Ascalón -1153-, del patriarca de Jerusalén al frente de los canónigos del Santo Sepulcro), aunque su misión principal era atender al servicio religioso de la Iglesia del Santo Sepulcro.

Es con Balduino I, en 1103, al rodearse de la familia militar de los caballeros canónigos, sobre todo para protegerse de las asechanzas de los salteadores y luchar contra los infieles, cuando sería el momento de separar caballeros y canónigos dando a cada uno sus insignias privativas que han llegado hasta nuestros días. Esta asignación de insignias las haría Balduino personalmente o el patriarca de Jerusalén del rito Latino, que este año 1103 se convierte, él y sus sucesores Jefe de la Orden del Santo Sepulcro y en su Gran Maestre, con la facultad de "crearet, armaret et constitueret" caballeros del Santo Sepulcro a los que juzgasen dignos de tal distinción.

Es pues esta fecha de 1103 la que marcaría el comienzo del uso de la segunda cruz insignia del Santo Sepulcro (la Cruz de Jerusalén) por los caballeros y la asignación definitiva a los canónigos de la patriarcal reanudando el uso de la misma si alguna vez la perdieron.

La forma propia, ya documentada desde el medievo, para los Canónigos del Santo Sepulcro es la cruz doble liliada o florlisada en sus extremos, y de color rojo. El lirio, símbolo de la pureza y la inocencia, recordaría el voto de castidad de los miembros de la Orden y el rojo de la cruz, la sangre de la cruz derramada por la redención del género humano.

Esta forma patriarcal liliada, de color rojo, es la que usaron en España como divisa o insignia, en su costado izquierdo, los caballeros del Santo Sepulcro, los canónigos de la Colegiata de Calatayud (hasta 1851), los de Santa Ana de Barcelona y aún actualmente las canonesas del Santo Sepulcro de Zaragoza.

En Castilla la Vieja y en el reino de León, donde introdujo la Orden el rey de León y Castilla Alfonso VII (1126-1157), que dominaba en Calatayud desde la muerte del Batallador, su padrastro, y donde tuvo ocasión de conocer a los canónigos del Santo Sepulcro, la cruz patriarcal era púrpura, no gules o roja, sin duda por la influencia en la lengua de Castilla del color púrpura sustitutivo del rojo ya que las armas del reino de León traían de púrpura el león y no rojo.

Este púrpura pasó a ser, a partir de 1851 (fecha del Concordato entre España -Isabel II- y la Santa Sede -Pío IX-), el color de la cruz de los canónigos de la Colegiata del Santo Sepulcro de Calatayud, tal como atestigua el historiador bilbilitano Vicente de la Fuente.

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