
Voy todos los días a Torrent a trabajar. No tengo coche y necesito levantarme dos horas antes para llegar a tiempo". Amparo Martínez vive en Catarroja y sufre en sus propias carnes el déficit de comunicaciones de la que adolece la comarca de l'Horta Sud. "Tengo que coger un tren, llegar a la estación de Renfe de Valencia y luego conectar con el metro hasta Torrent. Ni siquiera los horarios están coordinados", se queja Amparo.
Sin embargo, ella tiene la suerte de que en su municipio exista una estación de tren. "Parece que soy una privilegiada, porque en Albal, por ejemplo, ni siquiera la tienen".
Los vecinos de Albal, Alcàsser, Beniparrell y Alaquàs sufren cada día los problemas de movilidad al no contar con transporte público. Y en total son más de 50.000 personas, sin contar aquellas que viven en zonas residenciales de otros municipios que tampoco cuentan con una estación cerca.
El profesor de la Universidad Politécnica de Valencia Joan Olmos habló precisamente de esta situación en unas jornadas organizadas por una asociación de mujeres en Quart de Poblet. "Moure's als pobles de l'Horta Sud" era el título de una ponencia en la que destacaba "los errores que han cometido las administraciones al planificar la movilidad de los vecinos. Se ha pensado siempre en las infraestructuras necesarias para el vehículo privado", dice Olmos.
Este profesor, especializado en urbanismo, pone un ejemplo muy claro: "si un vecino de Sedaví y otro de Burjassot quieren quedar, el mejor sitio es la plaza del Ayuntamiento de Valencia. No ha habido planificación de comunicaciones transversales y el transporte público se ha planteado con un punto de referencia: Valencia".
Pero si además, los vecinos viven en algunos de los municipios sin transporte público la única alternativa que les queda es coger el coche. El resultado de esta "mala planificación" ha sido unas carreteras colapsadas y que las capas sociales más vulnerables, como las mujeres, los estudiantes, los mayores o los inmigrantes, tengan muchos problemas de movilidad.
El profesor cree que reservar un carril para el transporte colectivo puede paliar el problema del colapso de carreteras, además de otras medidas, como coordinar mejor los sistemas de transporte, potenciar el uso compartido del vehículo privado, además de proyectar más carriles bici. "No necesitamos grandes pensadores, sino mirar a nuestro alrededor. Combinar la bici con el metro, o incluso modificar itinerarios de autobuses los fines de semana", apunta Olmos.
No ve un futuro muy prometedor este profesor de la Universidad, que destaca que se está proyectando una nueva pista de Silla y junto a ella, más urbanizaciones y más lugares habitados que la colapsarán al poco tiempo.












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