Ni termómetro, ni calendario son válidos para que los torrentinos celebren con desbordante alegría el anuncio de la primavera, el día uno de febrero.
Torrent entroniza a la nueva estación con gigantesca rama de almendro florido, que los jóvenes traen desde el campo por calles y plazas, en medio de bengalas plateadas, compitiendo con el umbráculo de las palmeras.Arcos y arcos de luces y estruendo de cohetes en una procesión pagana, donde no se lleva a ninguna imagen, sino que la figura principal es el hombre árbol, el cofrade que abrazado a la grandiosa rama carga con su peso como los penitentes con la cruz.Avanza despacio, solemne apenas sale de la ermita de san Luis Beltrán, en cuyo campanario voltean las campanas. Peregrinaje que no cesará hasta que llegue a la Iglesia Arciprestal y esa rama -monumento de flores pequeñas, blancas y perfumadas- se deposite a los pies de la Mare de Déu del Roser.
"L'entrà de la flor" se mantiene desde hace siglos, con altibajos fervorosos y entusiastas de un folclore propio, transmitido en Torrent, la dinámica ciudad, muy próxima a Valencia, con más de 70.000 habitantes, pero donde aún perduran apodos y si se rotulan calles pomposamente, siguen conociéndose por el nombre de antaño, como el "carrer de l'Ermita", "carrer del Ganao", "carreronet del Safranar", etc.
La percepción de que la vida retorna a los troncos secos, de que la savia despierta del sueño invernal, alienta a manifestarse en Torrente continuando un rito ancestral, que finaliza después de la ofrenda con una cordà o disparo de cohetes, que los participantes llevaron en depósitos colgados del hombro.Valentía y arrojo sin que influya la edad. Es el momento en que tiembla el asfalto de la plaza que preside la iglesia de la Virgen de la Asunción, la que se alzó en el siglo XVI sobre la destruida en la guerra de las Germanías, aunque su fundación data de 1238, a raíz de la conquista.
También en las volutas gigantescas del humo, en esa atmósfera irreal, queda envuelta la Cruz de Pere Mora. Cruz de término de principios del XVI, con la Virgen y el Niño en el frontis y Cristo crucificado en el reverso.









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